Coleccionar arte sin arruinarse: mis trucos de artista con presupuesto de artista
Photo: Elliott Brown from Birmingham, United Kingdom, CC BY 2.0, via Wikimedia Commons
Siempre que publico una foto de mi salón hay alguien que pregunta: «¿Pero cómo te puedes permitir tantas obras originales?». Y la respuesta corta es: no me las puedo permitir, al menos no de la forma que imagináis. La respuesta larga es este artículo.
Soy artista, sí, pero mi cuenta corriente es la de una freelance española de pro. Así que he aprendido a llenar mis paredes de cosas que quiero mirar cada día sin hipotecarme. Vamos al lío.
1. Los mercados y mercadillos son minas de oro
Los rastros son mi primer punto de parada en cualquier ciudad. En Madrid, el Rastro de la Ribera de Curtidores; en Barcelona, los Encantes; en casi cualquier pueblo, el mercadillo del domingo. Buscad láminas antiguas, grabados sin firma, mapas viejos o incluso páginas sueltas de libros de arte. A veces una lámina enmarcada bien cuesta menos que dos cafés con tostadas.
Truco: si el marco está feo pero la lámina os gusta, compradla igual. Cambiar el marco es barato y cambia lo es.
2. El trueque entre artistas: el secreto mejor guardado
Esto es de lo mejor de moverse en este mundillo. Muchos de los cuadros de mi casa no los compré: los cambié. Un retrato de una amiga ceramista por una ilustración mía. Un print de un fotógrafo por un encargo pequeño.
Si no sois artistas, no pasa nada: podéis hacer trueques con otras cosas. Yo he cambiado obra por clases de yoga, por una web hecha por una amiga diseñadora y, en una ocasión memorable, por una tarta de cumpleaños espectacular. El arte no tiene por qué circular solo en euros.
3. Los prints: la puerta de entrada honrada
Hay que decirlo sin complejos: comprar un print de un artista que te encanta es perfectamente legítimo. Muchos ilustradores españoles venden copias por entre 15 y 40 euros, y la diferencia de precio con un original no significa una diferencia de disfrute.
Mi consejo: seguid a artistas en redes y comprarles directamente, sin intermediarios. A ellos les llega casi todo el dinero y a vosotros os llega una pieza con historia.
4. La regla de ratios que hace que todo parezca de revista
Aquí viene el truco de estilismo que más me han pedido. La clave de que una pared con piezas baratas parezca curada no está en lo que cuelgas, sino en cómo:
- Mezcla formatos: una lámina grande, dos pequeñas, algo raro en medio. La simetría perfecta grita «piso de alquiler», la mezcla grita «historia».
- Unifica con los marcos: si todos los marcos son del mismo tono (negro, madera natural, lo que sea), el conjunto parece comprado en una galería aunque las piezas cuesten tres duros.
- Deja respirar: mejor tres obras bien espaciadas que siete apretujadas. El blanco de la pared también compone.
- Un ancla potente: aunque sea la única pieza «cara» o grande, cada pared necesita un punto de partida. Lo demás se agrupa a su alrededor.
5. Los mercados de arte emergentes y las ferias de jóvenes artistas
Casi todas las ciudades medianas tienen ya alguna feria de arte emergente, y los precios de venta directa de artista a público son mucho más humanos que en una galería. Estudiad de bellas artes, escuelas de arte y colectivos locales: muchas veces hacen ventas abiertas a finales de curso donde puedes llevarte un original por el precio de una cena.
Comprar así tiene un plus: conoces a la persona detrás de la obra. Y una pared llena de piezas con caras y nombres propios cambia la energía de una casa de una manera que no consigue ningún mueble de catálogo.
La última palabra
Una casa llena de arte no es un lujo, es una decisión. Se puede empezar mañana mismo con una lámina de mercadillo y un marco de los baratos. Lo importante no es lo que gastas, sino que cada cosa que cuelgues te haga sonreír al pasar.
¿Y deciros una cosa? Si algún día véis algo mío que os guste y no os lo podéis permitir, preguntad por los prints o por un trueque. Palabra de Diana: casi siempre hay solución.