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Querida familia: un trabajo de verdad es exactamente lo que hago yo

Diana Diaz
Querida familia: un trabajo de verdad es exactamente lo que hago yo

Hay preguntas que en España se hacen con la misma naturalidad con la que se pone hielo en el tinto de verano: ¿y cuándo vas a tener un trabajo de verdad? Yo llevo once años escuchándola y he decidido que ya está bien. No de enfadarme, que también pasé por ahí, sino de responder. Por carta. Que conste por escrito y que cada cual se lo lea en su momento, como las cartas de las películas cuando el avión ya despega.

Carta a la tía Mari (la de las oposiciones)

Querida tía: te quiero, de verdad, y sé que cuando me dices lo de Correos lo haces desde el cariño. Pero necesito que entiendas algo: yo no suspendí mi vida. La encaminé por otro sitio. Mientras tú me ves "haciendo dibujitos", yo llevo tres años sin una semana de vacaciones y mi agenda de diciembre se cerró en octubre.

Eso sí, te propongo un trato. La próxima Navidad, en lugar de preguntarme por la oposición, me preguntas cuánto cobré el mes pasado por el encargo de esa editorial alemana. Lo sabes de memoria, te lo dije el año pasado, pero se te olvidó porque no encaja en tu idea de lo que es una artista. Spoiler: fue más que la paga extra de muchos funcionarios. No lo digo con mal rollo, lo digo con la satisfacción de la que lleva años haciendo las cuentas con calculadora y sin red.

Carta al primo Borja (el de los descuentos)

Borja, campeón. Se que sabes que "lo haces por gusto", porque para eso somos familia. Pero cuando me pides un retrato de tu pareja "de regalo, que así practicas", me estás pidiendo que trabaje gratis. Tú tampoco vas a la obra de tu jefe un sábado diciendo "así cojo soltura con la paleta".

Lo que no te he contado nunca es que detrás de ese retrato hay: horas de bocetos, materiales que pagué yo, años de práctica y una tarifa que no inventé yo por capricho, sino porque la venden todos los colegas del sector y porque mi tiempo vale. Si quieres un detalle para el cumple de tu novia, te ayudo encantado a buscar algo dentro de tu presupuesto. Tengo prints, tengo piezas pequeñas, tengo hasta una lista de artistas amigos con precios para todos los bolsillos. Lo que no tengo es el "amigo-descuento" infinito, porque los descuentos también son dinero que deja de entrar.

Carta a ese familiar genérico que dice "esto de pintar no es un trabajo"

Querido familiar: me encantaría sentarte en mi taller un martes cualquiera. Verías las llamadas con clientes, los presupuestos, los envíos con seguimiento, la gestoría, el IVA trimestral y la reunión con la galería. Verías que ser artista es ser autónomo, comercial, contable, community manager y, de vez en cuando, psicóloga de uno misma. Todo a la vez, sin convenio y sin que nadie te diga la hora de salida.

Y luego están los números, que son el idioma universal de las familias españolas: llevo cinco años cotizando, me he comprado un coche y me pagué un curso en Lisboa sin pedirle dinero a nadie. Si eso no es un trabajo de verdad, no sé qué definición estamos usando.

Lo que he aprendido (por si le sirve a alguien)

La primera lección es que no hay que convencer a nadie. Lo intenté durante años y solo conseguí llegar agotada a cada comida familiar. La gente cambia de opinión cuando ve constancia, no cuando le ganas una discusión. Mi madre, que al principio decía "pues muy bonito, pero...", ahora se lleva mis postales a las reuniones de sus amigas y vende mejor que yo.

La segunda es que hace falta vocabulario. Dejé de decir "hago cositas" y empecé a decir "tengo un estudio de ilustración y trabajo con editoriales y marcas". Mismo yo, mismas manos, distinta percepción. Palabras como encargo, contrato o edición limitada abren puertas que el "dibujitos" cierra.

Y la tercera, la más importante: que te dé igual no significa que dejes de quererles. Significa que he dejado de pedirles permiso para ser quien soy. Mi familia no entiende lo que hago del todo, y está bien. Yo tampoco entiendo cómo mi tía aguanta tantas horas de telediario, y aun así le llevo las flores cada año.

Nos vemos en la próxima cena. Yo llevo el vino, que algo tengo que aportar a esta familia que tanto me quiere y tan poco me entiende.

Con cariño (y con las facturas en regla),

Diana

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